Cuando veo tantos negros que hablan otras lenguas, quechuas, chinos, japoneses , caminando por Baires, pienso en el exilio, ese estado de encontrarse lejos del lugar natural, puede surgir como la expulsión voluntaria o forzada, de todos esos individuos. Algunos utilizamos el término “exiliado” con el sentido de “refugiado”, me recuerda a mi madre cuando decidio traernos a estas tierras un dia como hoy.Se fue tranquila un buen día, dejando verdades adheridas en las calles que viviamos, dejando a mis queridos amigos, que recuerdo con amor, las fotos de la familia pasando las vacaciones en la finca saltando a una poza desde el Puente Mendez, o de alguno rezando un padre nuestro, el baul de muñecas que extrañe durante mi niñez, corriendo con las cañas de pescar porque el río crecía de banda a banda, leyendo Reader`s Digest sobre una hamaca, acá en Baires, las noches fueron de mucho dolor.
Fueron pasando los años, las tardes que daban pena, y mis anhelos de antes seguían en la maleta.
No pude despedirme de mi padre, mis abuelos cuando el avión despegaba, sólo me decian que el tenue de mi voz procedia de España, pero no era así, nací en la ciudad donde se dío el primer grito de libertad en sudamerica, había dejado esas campanas para siempre.
Nunca más hable un español verdadero con mis nuevas amigas, tengo una vida nueva muy tranquila con sosiego, muchos amigos a los que quiero, hice mi vida en condiciones desfavorables hasta que tome este lindo ritmo de la hermosa Buenos Aires.















