
Recordando, el domingo pasado, estuvimos dando una vuelta chica remontando el río Lujan hasta el Carapachay con Al, Andre, Juan, Fer, y yo para sostener el violín, la serenidad que teníamos procedía de la sensación de hallarnos libres de hacer lo que quisiéramos, no planificamos nada, pintó la expontaneidad.
Tomamos los botes: el Diavolo II (Bote masculino, integrado por Juani y Fer) y el Carlos Lando (Bote netamente femenino).
Contentos de la plenitud del día, de la pleamar del los ríos que remamos, no dejábamos espacios para lamentos, ni dolores de alguna ilusión perdida, nosotras remábamos contentas por compartir un bote netamente femenino, en el stroke: Andre, que marcaba muy buen ritmo, la dimos en una hora y media aproximadamante.
Reírnos de nuestras vulgaridades, el acceso a un mundo natural requiere de la experiencia de vivirlo, podemos estar alejadas de Dios, los valores, pero nunca de la naturaleza de nosotras mismas, solo llevadas a la confianza de la verdad que disminuye nuestros dolores, nuestras vergüenzas a través de las risas.
Era genial estar arriba de ese bote, remamos radiantes como ese día, con la serenidad de sentirnos libres que dejábamos a nuestra parte masculina, sin sentir culpa, solo remamos hasta volver a encontrarnos sobre la rampa del CRLM con el Diavolo II para devorarnos los ñoquis en el Sailing Club, viendo la caída del sol.....sobre nuestro día.












El dia anterior al fin de semana santa de turismo para los uruguayos, Abril de este año, cansados de la rutina laboral, llegamos al club armar el lomo de ballena que cubriría la proa del bote en el F65, para nosotros "El chocho", este estaba reparado por una averia que había sufrido en una travesía, estaba impecable.




